viernes, 17 de septiembre de 2010

Esta historia es casi tan antigua como la humanidad. Desde que el hombre levantó la vista al cielo, anheló poseer todo cuanto le rodeaba, sin importar el precio que por ello tuviera que pagar. Y cuando descubrió que podía gobernar los mares se lanzó a la aventura. Los océanos se poblaron pues de valientes e intrépidos navegantes que no temían arriesgar sus vidas por una patria o una bandera.
Pero… esta historia no habla de gente noble ni honrada, habla de canallas que amaban el peligro, odiaban el trabajo y ambicionaban por encima de todo las riquezas que poseían los demás.

Enrólate en la peor tripulación jamás imaginada: Piratas, escoria, ron, aventura, magia, traición, ambición, envidia, mentira, lujuria, tesoros… La bandera negra está izada! Quedáis convocados.

¿La recompensa? Gloria, muerte o un puñado de monedas.



Los tambores sonaban en la plaza principal de los suburbios de la ciudad portuaria de Narving. El sol, que alumbraba sin piedad las cocorotas de la gente que se agolpaba de cara al patíbulo, estaba en lo más alto del cielo. Escasos eran los guardias que mantenían el orden en la plaza, unos ocho o diez. La multitud abucheaba y esperaba impaciente la llegada de los reos a los cuales esperaba la horca.
En el patíbulo, el verdugo ajustaba los lazos corredizos y probaba una y otra vez las trampillas.
El murmullo de la gente se hacía cada vez más intenso hasta que se convirtió en una amalgama de insultos, gritos e improperios contra tres figuras que aparecían por el extremo norte de la plaza custodiadas por cuatro guardias más.
Conforme los desdichados se iban acercando a su destino la multitud se calmaba a excepción de algún espontáneo. Mientras el verdugo se frotaba las manos profiriendo una sonrisa bajo su capucha, los prisioneros subían los últimos escalones que les separan de la horca. Su final era inminente: una caída breve y una parada en seco.

-Con el fin de mantener el orden y la jurisdicción en estas tierras –comenzó un guardia leyendo un pergamino en voz alta. –y por orden del Tribunal Superior de Justicia, quedan condenados a colgar del cuello hasta morir y con los siguientes cargos…

En ese momento el verdugo se acercó a Bellatrix (una de las condenadas), le ajustó la soga y comprobó que sus grilletes estaban bien ajustados (suena un clic casi imperceptible), lo mismo hizo con Baltus y Evelyn, los presos restantes.
Pronto comprobaron que sus manos a la espalda estaban libres de grilletes pero no las movieron.
-Bellatrix Blythe acusada de robo, tortura y asesinato, de injurias contra cargos del gobierno y de colaboración con la piratería. Culpable.

El verdugo se acercó a Bellatrix de nuevo y le dejó un pequeño bulto alargado y le susurra: “A mi señal dispara y haz todo lo posible para escapar con el otro hombre. Hay una tapa de alcantarilla accesible”
Se acercó a Baltus y le depositó un objeto esférico en la mano y también le susurró algo casi sin mover los labios bajo la capucha.
-Baltus Crow, acusado de atraco, saqueo de barcos mercantes y de intento de robo de un navío de la armada. Culpable.

La gente comienzó a impacientarse y a gritar. Evelyn notó un objeto alargado también: “A ver qué eres capaz de hacer con esto, vendrás conmigo a mi señal.”
-Evelyn Dark, acusada de...

El pasillo norte de la plaza se empiezó a alborotar y se oyeron gritos: “¡DETENEDLOS!”
Se escuchó el sonido metálico de una espada desenvainada y los reos sientieron que la soga ya no ejercía presión en su cuello. Sus manos estaban libres. Bellatrix tenía una pistola, Evelyn una daga y Baltus una granada de mano.
-¡Vale!-soltó el verdugo –“sólo” queda poner en práctica la más noble de las tradiciones piratas: ¡huir!

Así comenzaba hace algún tiempo una partida rolera sobre los seres más infames que poblaban los mares del Caribe. Pirates is coming soon!

lunes, 2 de agosto de 2010

Sexless Innkeeper

Es bastante pésima, sin métrica ni rima cuidada, sin ritmo y forzada, y demuestra mi negación ante el arte del verso. Pero me lo pasé bien en la media hora que estuve haciéndola ('^_^)
Tras una ajetreada tarde
muchas horas libres tenía,
por lo que decidí salir a la calle
y ver qué es lo que me ofrecía.

Sin intención de ligar
un libro conmigo traje
para sus páginas ojear
y parecer interesante.

En mi búsqueda de un buen lugar
encontré un interesante pub.
Entré algo desconfiado, incluso con miedo
pero con simpatía me saludó
el atento camarero.

¿Qué va a ser caballero?
preguntó amable,
divisé una apartada mesa
en la que poder refugiarme.
Lo miré: su mejor cerveza,
a lo que asintió lisonjero.

Con media jarra vacía
o llena, según se mire,
mi mente danzaba libre
en total algarabía.

Enfrascado en mi lectura
no alcancé a percibir
una mirada de dulzura
dirigida hacia mí.

Alcé la vista y allí estaba
mirándome con atención
Con una sonrisa extasiada
que no tenía comparación.

Su cara decía ternura
pero sus ojos susurraban pasión
debía mantener la cordura
para aplicar la lección.

Se acercó y preguntó al instante:
¿Estudias psicología?
Claro, dije, seguro te interesaría,
mientras su mirada implacable
por dentro de placer gemía.

Con prisa fuimos a mi habitación
y la chica bien dispuesta estaba,
con apremio me lanzó al colchón
mientras su mano en pecho bailaba.

Nuestras pasiones se desataron
y nuestra ropa iba desapareciendo,
mientras unas voces que era, negaron,
el posadero sin sexo.


martes, 27 de julio de 2010

It's gonna be Legen-(wait for it)-dary!



Tras algo de mi propia cosecha, como era lo anterior, paso a hacer una reseña sobre una de las series de televisión que más me han marcado en este último tiempo. Porque si ya hice una “pequeña” reseña sobre una gran serie literaria, no voy a ser menos en este caso.

Mucha gente la cataloga como sucesora de la legendaria Friends, pero en el siglo XXI. Sin embargo mi intención no es seguir esa estela de opiniones, ya que YO no he visto Friends; puedo haber visto algunos trozos o incluso algún capítulo entero, pero no la he seguido, por lo que no tengo la capacidad (y tampoco el derecho) de sobrevalorarla o de menospreciarla en comparación a Cómo conocí a vuestra madre.

A expensas de la 6ª, que por lo que veo promete. Estas 5 temporadas han tenido de casi todo (también algunos capítulos flojos y otros geniales), y espero que sigan sorprendiéndome y no caigan en lo absurdo y se vayan apagando por la pérdida de fuste.
No.
Quiero más Ted-iosidades, más Robin indecisa, menos Marshall y Lily ñoños, y más Barney. Quiero giros bruscos de trama, más risas, momentos épicos y... por dios! saber quién coj$%&! es su madre XD

Ya que antes de pasar a lo meramente técnico, me gustaría hacer mención a aquellas cosas que me ha transmitido esta serie y de las que he aprendido, sin olvidar que es una serie y que se trata pues de ficción, por supuesto.

Entre ellas puedo mencionar, como una de las principales, el valor de la amistad, reflejado sobre todo en ese último capítulo de la quinta temporada, en el que Robin deja de lado su relación, la cual comenzaba a tomar en serio, y su soñado trabajo, por su gente. Porque a veces me pasa que me lleno de orgullo cuando hablo con alguien y nombro a mis verdaderos amigos “mi gente”; de orgullo hacia ellos y hacia mí por conservarlos.

Porque ellos (los protas) forman una panda. La que queda siempre en el mismo bar, pero la que tiene una diversidad de opinión y formas de ver la vida. Y sean cuales sean esas formas siguen juntos; y si no lo hacen por algún motivo, pronto se dan cuenta de que lo que quieren y necesitan es estar juntos.

Otro aspecto (ya que si sigo con el de la amistad me pongo ñoño y dejaré de hablar de la serie XD), son las relaciones de pareja. Hay 3 visiones de esta, aún por estudiar, “situación” humana (si juntamos a Marshall con Lily y a Robin con Barney). La visión del protagonista y narrador de la serie: Ted. Cree en el amor a primera vista (como cuando conoce a Robin) y busca una relación estable y duradera que le lleve a tener hijos y una vida en familia, por lo que piensa demasiado las cosas y es bastante perfeccionista a veces (aunque a veces también se olvida de esa búsqueda y cae en algún que otro ligue pasajero). Están Marshall y Lily. Son la supuesta pareja perfecta: fieles, conectados y en un principio buscan lo mismo (aunque al final de la 1ª temporada se ve algún tropiezo, o más bien un descarrilamiento). Ted quiere imitarlos y se deja a veces influir por su antítesis para conseguirlo, la tercera visión: Barney. Es lo contrario a Marshall y a Ted. Es promiscuo, libertino e inconstante. Detesta el matrimonio y la vida en pareja. Robin, es también parecida a Barney en estos últimos aspectos, pero de un modo u otro se cansa de esa inestabilidad e “imita” a Ted.

*Si tuviéramos que seguir a Freud y su estudio de la consciencia y amoldarlo a las relaciones de esta serie: Barney sería el Ello, Ted el Yo y Marshall el SuperYó (pajas de psicólogo aparte).

Porque de estas visiones aprendes, aparte de los trucos para ligar de Barney jajaja, que el camino que cada uno tome no es peor que el de los demás porque sean contrarios o diferentes. A veces puedes arrepentirte de una decisión, pero siempre tendrás a alguien que te ayudará a encauzarla...

Por mi parte, está todo, aunque con la tontería me ha quedado demasiado largo (y un poco/bastante cutre) y se me han olvidado los detalles técnicos… bah! Paso, ¿a quién le importan? Aunque sí tenemos que enfocar lo que nos importa, luchar por ello, y en el caso de que lo tengamos, mantenerlo.

Sin más, decir: When I get sad, I stop being sad, and be AWESOME instead.

Disfrutad del verano, que yo intentaré hacer lo mismo, aunque sea de esta forma ;)

miércoles, 21 de julio de 2010

BAJO EL DOMINIO DE LA NOCHE

Hacía tiempo que no publicaba nada y he encontrado este fragmento por ahí, el cual iba a ser y sigue siendo el origen de mi personaje predilecto:


Era una noche extraña. De esas que no se repetían en mucho tiempo.
La luna quedaba eclipsada por un espeso manto de nubes que murmuraban. Su vigoroso resplandor llegaba a penas como una anaranjada claridad mortecina.
Una densa neblina se había apoderado del muelle y los embarcaderos de la ciudad costera de Verice. Los escasos barcos que estaban dispuestos a faenar en una noche tan cerrada, lo hacían con cierto temor.
La leve brisa hacía tambalearse el letrero de un antro llamado El Gato Tuerto. Allí el alcohol, las prostitutas y la farra estaban tan a la orden del día como las reyertas.
Pero esa noche no. Esa noche la discusión más acalorada era la que el tabernero, medio ebrio, mantenía con su copa de coñac.

En el centro mismo las calles estaban desiertas. Los carruajes estaban apostados a la espera de clientela. Y los murciélagos y aves nocturnas revoloteaban de forma extraña sorteando a su vez edificios, farolas y chimeneas.
Las suntuosas casas, en su mayoría con amplios ventanales y exquisitas molduras, emitían la tintineante luz del fuego a través de las cortinas de felpa echadas.

La tormenta se cernía sobre Verice. Los murmullos eran ahora truenos que sucedían a centelleantes relámpagos.

El extrarradio suburbano era la zona más castigada por las tormentas. Las casas allí erigidas quedaban reservadas para la clase media-baja. Su acondicionamiento y desagüe eran deplorables, permitiendo que la acumulación de aguas torrenciales fuera la pesadilla de sus habitantes. Por no mencionar la, de momento no muy acentuada, insalubridad.
Era el precio que había que pagar a cambio de una ya miserable vida.
Como decía el refranero: a perro flaco, todo son pulgas.

En esta zona, el silencio no era tan sepulcral como en el centro. Los intensos ladridos de un joven cánido hacían de coro a un viejo vagabundo que canturreaba en un callejón que ampliaba su voz.

Pero a semejanza de la zona próspera de la ciudad, las calles estaban desiertas. Tan solo esa neblina fantasmal campaba a sus anchas.
Al poco rato el vagabundo dejó de cantar. Sin embargo el can continuaba con su particular lucha contra el silencio roto por los truenos cada vez más intensos y continuos.
Una chirriante ventana se abrió y una potente voz varonil reprendió al animal. O mejor dicho, a su dueño:

-¡Maldita sea, Crawler, haz callar a tu jodido perro! –gritó. Pero los Crawler no estaban en casa desde hacía varios días.
Por ello, los improperios y amenazas de Hogan Murstein, que casi todas terminaban nombrando a su preciada ballesta, fueron en vano. La ventana cerró de un portazo, y con ella el señor Murstein y su particular verborrea cesaron.

Lo normal también era que, todas las noches, los gatos se arremolinaran junto a los montones de desperdicios a expensas del carromato que los recogía. Pero esa noche no.
Esa noche un impertérrito felino de piel oscura y ojos amarillos, permanecía rígido e impasible, con la mirada perdida oteando hacia ninguna parte. Aunque se podría asegurar que la niebla no mermaba su campo de visión.
Parecía ausente, sin las típicas preocupaciones que pudiera tener un animal como él; comer, huir de algo o alguien o maullar por algún motivo.
No. Parecía como si esperara. Como un pescador espera que un pez pique en su anzuelo. Como un enamorado una señal de su amada.
Sólo esperaba.

Unas tímidas y gráciles gotas de lluvia comenzaron a acariciar ventanas y claraboyas. La neblina se disipó levemente. En ese instante, un violento y fulgurante rayo surcó el cielo dando la impresión de que iba a resquebrajar el firmamento. Pero el trueno fue aún más impactante; como una docena de timbales aporreados sin intención musical.
Eso sacó al felino de su abstracción y volvió a sus instintivos reflejos cobijándose bajo unos tablones de madera.
Las tímidas gotas de lluvia eran ahora afilados dardos impulsados por el silbante viento. La niebla había terminado de disiparse, pero el resultado fue mucho peor. La inestabilidad del exterior habría catalogado como, algo más que de imprudente al que hubiera pisado la calle en aquel momento.
El panorama era poco menos que dantesco. Pero nada comparado con la situación en la mar. Ya no había nada que impidiera pensar que la jornada de pesca quedaba clausurada. Por esta razón, El Gato Tuerto recibió sus primeros y únicos clientes esa noche.

Los desagües y canalejas no daban abasto en los suburbios. Los desniveles del terreno provocaban el estancamiento del agua y la creación de enormes charcos. Pero la precaución de sus vecinos, a pesar del inusual torrente, proveyó de trancos y otros aislamientos a algunas puertas.
Sin embargo la calle parecía un cabal poco profundo en algunas zonas. Los únicos tramos que escapaban de las inundaciones eran los callejones cubiertos.

De uno de ellos, y como si la sombra la hubiera escupido, surgió una figura envuelta en penumbra. Caminaba de forma trémula y titubeante.
El viento enarbolaba su ajado mantón, que le llegaba hasta mitad de la pantorrilla, dejando ver unas piernas claramente femeninas.
Bajo la capucha su pelo y su cara estaban empapados.
Su cuerpo entero se estremecía y temblaba con cada ráfaga. Y el agua recalaba también hasta su humilde vestido harapiento. Pero, aún así, y de manera incluso recelosa, cuidaba de que el voluminoso fardo que portaba no sufriera ninguna de esas inclemencias.
Tambaleante iba de un lado a otro de la calle, buscando signos de vida interior en las casas circundantes. Hasta que en una, la tintineante luz de un candil, dejó ver sus jóvenes facciones.
Era una chica guapa de tez cerúlea aunque de sonrojadas mejillas. Su cara era el reflejo vivo de la tragedia, de la desesperación. Si no hubiera tenido la cara mojada por la lluvia, las lágrimas habrían recorrido solitarias su rostro.
Profirió un sollozo y observó el interior de la casa. A través de la ventana se podía ver a una mujer rubia, poco mayor que ella, zurciendo unos modestos pantalones de lino a la tenue luz de un candil de aceite.
La estancia era muy modesta, pero acogedora. Posó una mano temblorosa en el cristal con aire melancólico. Habría dado lo que fuera por un lugar como ese.
Nuevamente sollozó y por primera vez, desde que salió del callejón, reparó en el fardo que portaba. Una rosada carita de bebé con un penacho de pelo oscuro asomaba por encima de una maraña de trapos y mantas.
La mujer sintió una punzada en el pecho y un nudo en la garganta. Quiso decir algo en la soledad de aquella intrincada noche, pero no pudo.
Lo único que se escuchó fue el gorjeo de la lluvia sobre el encharcado suelo. Y a intervalos dispares y arrítmicos, la horda de timbales que atronaban el oscuro cielo.
Los pies de la muchacha, cubiertos por una fina tela y una desgastada suela a modo de calzado, chapotearon hasta la puerta principal de aquella casa.
En ese instante no se percató a tiempo de la llegada de un rimbombante carruaje tirado por dos hermosos corceles negros. El coche pasó a toda velocidad por su lado levantando un embate de agua estancada de una poza. La mujer tan solo pudo dar la espalda para proteger a su hijo, con la contrapartida de que quedó empapada desde los pies hasta los hombros.
Eso la hizo estremecerse aún más. De ella se apoderó una incesante tiritona. Comprobó que su protección había resultado efectiva para evitar que su bebé acabara empapado también. Pero lo que no pudo evitar fue un silencioso llanto que la envolvió, fruto de la desesperación y la impotencia.

Sin más preámbulos se decidió por fin por un lugar seguro donde dejar a su hijo. Aquella casa parecía acogedora y tranquila; todo lo buena que se podía esperar en ese momento. Cualquier cosa era mejor que la inmundicia de caminar bajo la tormenta, una noche como aquella y sin la expectativa de un lugar para guarecerse.
La joven clavó sus rodillas desnudas en el enfangado suelo. En otro momento quizás se hubiera hecho daño, pero en ese instante no.

Cogió con mucho cuidado al bebé, enfundado en trapos y mantas, y lo depositó en el zaguán de la puerta principal. La delicadeza de los movimientos de la chica contrastaba con la violenta tormenta, que poco parecía importarle.
De uno de los bolsillos de su ajado vestido sacó un trozo de papel de pescadero. En él garabateó con carboncillo una extraña palabra y lo metió entre los trapos que abrigaban a su hijo.
Acto seguido se agachó junto a su cabecita, y con sus fríos y a la vez cálidos labios acarició la frente del niño.
Quiso la providencia que un fúlgido rayo surcara el cielo e iluminara la tez del neonato, confiriéndole un aire ancestral y, por qué no decirlo, mágico.
Su madre sollozó en silencio. Quería, en parte, que ese instante no acabara ahí. No quería abandonar así, al sereno, a la sangre de su sangre. Pero las circunstancias eran innegables, y era eso o nada. La nada significaba enfermedad, pobretería, soledad… y la única manera de cambiar esa suerte era así.

Quizás fuera el relámpago o la ausencia del calor corporal materno, pero el niño despertó.
Lloró, acompañando tal vez el sentimiento de su madre. Pero ésta estaba ya a unos pasos de distancia de él.
Al otro lado de la puerta, dentro de la casa, se escuchó un leve tropel de pasos.
La moribunda y joven madre debió notarlo, e instintivamente giró la cabeza para comprobarlo. Pero sus piernas se entrelazaron y hundió el pie en una pequeña poza. Su tobillo se torció y cayó de rodillas. Esta vez sí le dolió, y con las piernas ensangrentadas se levantó y corrió cojeando hasta un callejón desde donde pudiera observarlo todo.
La puerta de la casa se abrió y la luz del vestíbulo escapó del interior. Una joven rubia salió y descubrió el fardo allí mismo, en su portal. Era un bebé y, tal y como su oído le había indicado instantes antes, estaba llorando. No lo dudó ni un momento; lo cogió e intentó calmarlo con un suave traqueteo.
Miró a ambos lados de la calle. Pero, aunque hubiera podido, no habría visto a nadie. La lluvia, que caía a borbotones, todo lo hacía más confuso.


Para Pepe

jueves, 13 de mayo de 2010

Esa canción me recuerda a...

Seguro que estáis en vuestro pub de siempre o en una tasca ocasional y suena un tema, y momentáneamente os traslada a algún lugar en otro tiempo, o pasan fugazmente por vuestra cabeza una serie de imágenes... estas son algunas de las canciones que han surtido ese efecto en mí:

“Must it take a life for hateful eyes
To glisten once again
Cause we find ourselves in the same old mess
Singin' drunken lullabies”

Drunken Lullabies- Flogging Molly

“...pero la noche sabe que aunque me apriete el frío,
siempre le he sido fiel, de lunes domingo.
Hoy quisiera encontrar buena conversación,
un cuerpo de mujer, una copa de amor,
sino cierras el bar, abro mi corazón,
te invito a pasear con la luna de farol.”

Majareta-La Fuga

“Mírame a los ojos; sé qué estás pensando.
De tu cabeza quiero beber caldo.
Para matar mis dudas y subir hasta tu luna.
Tírate en suelo; vete colocando.
De tu entrepierna quiero beber caldo
y como ratas de basura: Desorden y Soledad
se fueron viéndote llegar.”

Buitre no come alpiste- Extremoduro

“I walk a lonely road
The only one that I have ever known
Don't know where it goes
But it's home to me and I walk alone
I walk this empty street
On the Boulevard of Broken Dreams
Where the city sleeps
and I'm the only one and I walk alone…”

Boulevard of Broken Dreams- Green Day

“Y en cuanto acabó de zurcir las heridas de
las noches mal dormidas llegué yo
y le llené de flores el jergón para los dos,
sin espinas, de colores, que se rieguen
cuando llore y cuando no, las sulfatamos
con nuestro sudor.”

Corazón de Mimbre- Marea

“Déjame que reviente el mundo en dos patadas
y arañar lo que quede en pie de sus entrañas,
llévame al rincón donde las manos hablan para dejarme querer [...]
y a correr cada vez que el silencio eche su red,
y a llegar más allá de lo que tus piernas den...”

Soy- Dikers

“Porque vamos de aquí de para allá,
hoy toca colchón, mañana sofá,
las piernas marcando el compás,
de cien corazones o más...”

100 corazones- Dikers

“Hello there, the angel from my nightmare
The shadow in the background of the morgue
The unsuspecting victim of darkness in the valley
We can live like Jack an Sally if we want”

I miss you-Blink 182

“Si lo hago mal no dejes de susurrar
que no hay sitio en tu colchón,
mi corazón a punto de caducar
de estar esperándote [...]
Y ya lo ves soy fácil de convencer,
con besos robados de un todo a cien,
que dejo esparcidos por el arcén[...]
ningún ritual me vuelve a la realidad
como hizo alquel revolcón,
que sino estás me empacho de libertad,
se vuelven las noches larga y de amargo y rancio sabor...”

Las noches que me inventé- Dikers

“I hate feeling like this
im so tired of trying to fight this
im asleep and all i dream of
is waking to you
Tell me that you will listen
Your touch is what I'm missing
And the more I hide I realize
I'm slowly losing you”

Comatose- Skillet

“No tengo nada que contarte
cuando te miro y veo que,
de lo que fuimos antes,
no queda nada en pie.
Si tú te vas, ya sabré qué hacer,
la ciudad puesta del revés,
si tú te vas, guardaré mi piel
y que más me da, si te vuelvo a ver...”

Si tú te vas- Dikers

“¿Dónde esta? Necesitamos recordar
la parte de la vida en la que no debes llorar
y buscar entre cajas de cartón
canciones sin letra, amor sin dolor […]
Madre inspiración, devuélveme la ilusión
Que nazcan hoy tus hijos: odio y amor…”

Cien hadas- Engel

“Que triste historia con triste final
los pañuelos se atontan de tanto llorar,
soy como ellos de usar y tirar,
descubrí con el tiempo que yo era el encargao' de entretenerte,
sacarte de tu vida de retrete,
pobre niña pobre carente de aprecio enmarcada de amor...”

Los amantes de Teruel- Los Sikarios

“Now I'm in
Over my head, with something I said
Completely misread I'm better off dead.
And now I can see, how fake you can be
This hypocracy's beginning to get to me.”

Over my head- Sum 41

“And it's happened once again
I'll turn to a friend
Someone that understands
Sees through the master plan
But everybody's gone
And I've been here for too long
To face this on my own
Well I guess this is growing up”

Dammit- Blink 182

“Ich bin Mädchen, ich bin Frau.
Manchmal Engel, manchmal
Sau. Ich bin heiß, ich bin eiskalt,
Manchmal jung und
manchmal alt. Ich bin Mädchen ich
bin Frau. Manchmal
dumm und manchmal schlau. Ich bin
sauer ich bin süß,
manchmal nett und manchmal fies.
Willst du alles oder nichts?
So bin ich
Willst du alles oder nichts?
Ich bin ich”

Ich Bin Ich- Lafee

“Tell me why can't you see it's not the way
When we all fall down it will be too late
Why is there no reason we can't change
When we all fall down who will take the blame
What will it take”

No Reason- Sum 41

“Well I could see,
you home with me,
but you were with another man, yea!
I know we,
ain't got much to say,
before I let you get away, yea!
Uh, be my girl.
Be my girl.
Are you gonna be my girl?! Yea”

Are you gonna be my girl?- Jet

“And that's about the time she walked away from me
Nobody loves you when you're 23
I'm still more amused by TV shows
What the hell is ADD?
My friends say I should act my age
What's my age again?
What's my age again?”

What´s my age again?- Blink 182

"...Somebody get me through this nightmare
I can't control myself
So what if you can see the darkest side of me
No one will ever change this animal I have become
Help me believe it's not the real me
Somebody help me tame this animal!"

Animal I have become- Three Days Grace



















y un largo etcétera, y a vosotros ¿qué canciones os recuerdan a algo o a alguien? ;)

miércoles, 5 de mayo de 2010

Tormenta de Espadas

Porque tras la lectura del tercer volumen de la multipremiada serie de literatura fantástica y medieval Canción de Hielo y Fuego, Tormenta de Espadas, de la cual no esperaba menos que de sus predecesoras, no puedo sino quitarme el sombrero y hasta bajarme los pantalones ante tal despliegue de acontecimientos, personajes, puesta en escena y trama; así como descripciones y escenarios.
Porque no se trata de un best-seller, queridos amigos, no, es espectáculo impreso en papel, un mundo y unos personajes en formato libro que hace a modo de máquina teletransportadora a ese lugar que es Poniente y el vasto continente oriental, conocido como Essos.
Porque si algo tengo claro tras leer Tormenta de Espadas es que George R.R. Martin ha quedado para mí como el mejor escritor en este género y ahora os contaré brevemente por qué:
Porque te engancha desde el prólogo de la primera entrega (Juego de Tronos) y no te deja al menos hasta el epílogo de la 3ª (hasta donde he llegado). Con personajes, algunos impredecibles, tan complejos como en la vida real y difíciles de encasillar como buenos o malos (con alguna excepción), que se dejan guiar por sus propios intereses e instintos (ya sea dinero, sexo o la motivación propia como el honor, la grandeza o la venganza). Que cuentan historias grandes a través de los ojos de los personajes más humanos, que se equivocan, evolucionan en su forma de ser, maduran y viven o mueren. Ese es otro atractivo (para algunos extraño), la utilización de la narración POV (Personal Over View) o punto de vista personal, en el que cada capítulo está narrado en tercera persona desde la perspectiva de un personaje, más principal o menos, distanciados entre sí quizás por miles de millas. Con el que caminamos, vemos, reímos, lloramos, sentimos, luchamos, hablamos y con el que nos identificaremos y entenderemos sus actos en algún punto de la narración. Porque en este mundo a veces el acto más vil o más noble puede llegar a ser comprendido por el lector.
Otro aliciente es el realismo, la crudeza, belleza y brillantez con la que George R.R. Martin narra cada uno de los capítulos, cada uno de los párrafos, cada línea o cada palabra. Como temas como el incesto no está vetados para él; como las escenas de sexo y lucha son explícitas pero nunca están de sobra; como te entra hambre cada vez que se lía a describir platos de comida; como te da una oleada de frío cuando nos traslada al extremo norte de Poniente, al mismo pie del Muro de hielo que defiende el Reino de los Hombres; como puedes sentir rabia hacia alguien, y vaticinar lo que harías en lugar de alguno de los personajes. Encariñarte, identificarte, ver como triunfan o se hunden o como viven o mueren, es normal y totalmente humano. Incluso, como reconozco que me ha pasado, odiar a un personaje en un libro y en el siguiente adorarlo e incluso ver algo de ti en él.
Por último, pero no menos importante, y para no dar más la brasa, destacar, en mi opinión, uno de los mayores puntos a favor de la obra: la trama. Una trama compleja, enrevesada, con cambios bruscos inesperados, que te atrapan hasta que ves que estás tan metido como los personajes que luchan para salir de ella. Como la muerte de un personaje (que puede llegar a ser principal), una derrota bélica por un cambio de táctica de última hora, o un encontronazo entre personajes, puede echar por tierra todo lo que habías pensado que sucedería. Porque foros de discusión enteros en internet auguran el siguiente libro, y ver que George R.R. Martin sigue sorprendiendo es un logro no al alcance de muchos escritores.

Así que animo a que os zambulláis en esta saga aún por terminar, de la que se esperan tres entregas más, a parte de las cuatro que han sido lanzadas.


En la vida, como en Canción de Hielo y Fuego, si juegas al juego de tronos sólo caben dos opciones: ganar o morir.

Os dejo algunas frases que me han gustado para que abráis boca, algunas sabias, otras que me hacen reír:


”Quiero morir: viejo, en la cama, con la barriga llena, una copa de vino en la mano y la polla en la boca de una doncella”

“Si le cortas la lengua a un hombre, no demuestras que estuviera mintiendo: demuestras que no quieres que el mundo oiga lo que puede decir”


“Morir por envenenamiento puede fingirse como una muerte natural, en cambio sería más difícil alegar que se me cayó la cabeza”

“Los enanos no necesitamos tener tacto. Generaciones de bufones con trajes de colorines me dan derecho a vestir mal y a decir todo lo que se me pase por la cabeza”


“-Me dijisteis que la matara.
-No, te dije que hicieras lo que había que hacer.
- Pero no la maté.
- Si, y ahora ya te conozco mejor.
- ¿Y si la hubiera matado?
-Que estaría muerta, y también te conocería mejor”

“-Ser manco tiene sus ventajas. Bebo menos vino por temor a derramarlo, y rara vez siento la tentación de rascarme el culo en la corte.
-Bien pensado. A lo mejor me la corto yo también”


"-¿Un hombre puede ser valiente cuando tiene miedo?
-Es el único momento en que puede ser valiente, Bran”

“Si quieres luchar, lucha. Pero si te matan, luego no me vengas llorando”


”Nunca olvides qué eres porque desde luego el mundo no lo va a olvidar. Conviértelo en tu mejor arma, así nunca será tu punto débil”

jueves, 22 de abril de 2010

En una canción


Cientos, no, miles de recuerdos abarrotaban ahora sus pensamientos mientras sonaba de fondo una canción, su canción, esa que tantas veces los había acompañado a ambos allí donde iban. Pero no eran ahora dos los que la escuchaban, sino uno, una. A pesar de que esos recuerdos eran alegres y volvían a ella intactos, quizá embargados de más sentimiento y melancolía, no pudo reprimir un llanto silencioso, ahogado por esa pena que solo acompaña a la pérdida. A la pérdida de la persona con la que había compartido algo más que una buena canción. Esa persona que no volvería a ver sino en su imaginación, en sus recuerdos, en fotos y cartas, en vídeos y regalos. Porque su estómago se encogió al tamaño de una pelotita de golf y sintió como si estrujaran su corazón hasta que toda la sangre saliera de él y se parara, cuando releía cada carta, cada mensaje de móvil; pero era su voz la que sonaba en su cabeza, la que tantas veces había escuchado en todas sus formas (enfadado, feliz, chistoso, eufórico, ingenioso, cansado, triste…). No pudo evitar recrear los motivos y las situaciones por las que el chico le había escrito esas cartas, esos mensajes; las escenas plasmadas en las fotos. Eso fue eclipsado por el último recuerdo que tenía de él, y no pudo evitar llorar, pero de rabia, rabia consigo misma. Había sido una imbécil, una celosa. Lo había dejado en aquel pub con dos palmos de narices, mientras algo dentro ella se moría por besarlo. Pero no podía enmendar aquello, no. Porque ya no volvería a verlo.
El reproductor de música volvió a repetir su canción, y de un plumazo pasó de la rabia a la nueva melancolía, y con ella al pasado. Aquel pasado en el que Nick aún vivía, reía y corría con ella bajo la lluvia de otoño. El Nick que contaba historias que ni él mismo se creía tan solo para divertirla. Que pensaba que tenían todo el tiempo del mundo y que se detenía a observar cada una de las pecas de su cara y encontrar algún tipo de mensaje encriptado nada más que para chincharla. Con el que había hecho tantas cosas como escaparse en tren para ir a ver un concierto a cientos de millas, coger el automóvil en mitad de la noche tan solo para ver amanecer en la cima de un acantilado, o subir a escondidas a la azotea de un edificio alto y contemplar el mar de luces que era la ciudad.