Mostrando entradas con la etiqueta Rol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rol. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de mayo de 2011

Día del orgullo... FRIKI!

No sé si soy o no merecedor de dicho título, pero esta entrada seguro que me acerca un poco más a ello. He leído cómics (Mortadelo, X-men, Superman, algo de anime...); visto series, a cual más friki; películas tipo Star Wars, Superhéroes o fantasía; leído cosas varias/bizarras/ consideradasfrikis; hecho el gili, tal como disfrazarme y demás paridas; dibujar; escribir... todo desde pequeño.
Pero... ¿sabéis lo mejor (o lo peor)? que lo sigo haciendo, cada vez que puedo, con casi 23 tacos, saco el niño que hay en mí y finjo ser un mago, un espadachín o un escritor que busca misterio... sí, he alcanzado una de las cotas del frikismo: los juegos de rol
Con todo esto no he hecho más que argumentar, casi sin darme cuenta que quizás esta entrada merezca un espacio en mi blog, porque es parte de mi forma de ser y de disfrutar de algunas cosas cuando el tiempo fuera no acompaña o encuentras gente que comparte tus aficiones. Para todos vosotros, frikis del mundo, y en especial para mis colegas que me acompañan en ello va esta entrada: FELICIDADES imbéciles (con cariño). 




Ahora dan miedo las jodidas...



Aviso: soy tan normal como vosotros, la diferencia es que mi Varita de Saúco es de nivel 48 y tú sigues con una de nivel muggle.

sábado, 16 de octubre de 2010

Rol Canción de Hielo y Fuego


Tras un par de veladas la historia sobre una conspiración dentro de los Siete Reinos, concretamente en la zona conocida como Dorne, ha transcurrido como se narra a continuación.

Para empezar hay que presentar a los contendientes: A la dirección, Arturo de DM. Como Guerrero Ungido y comandante de la expedición/misión, Belcam Valerius, un servidor, Miguel. Sus leales montaraces: Pablo (Asmodian Arena) y Naira (Tangerine Turner). Como señora heredera del trono del castillo de Piedrapálida, llamada Zahara Caede, Mayte y finalmente, su noble amigo, pupilo de una casa vasalla, Tribel, a cargo de Elena.

Belcam Valerius, recientemente ungido caballero de Zarcus Caede, señor de Piedrapálida, ha recibido una importante misión. La misma reza así: deberá atravesar el Paso del Príncipe, un lugar peligroso y atestado de bandidos y otros peligros, para hacer escala en Canto Nocturno y de ahí hasta Altojardín. Allí deberá recoger a un pequeño señor, un Tyrell, pretendiente de la hija de Zarcus, Zahara Caede, y llevarlo sano y salvo de nuevo a Piedrapálida.

Pero cuál es su sorpresa, cuando al visitar al maestre, un hombre avispado y de honorabilidad dudable, le entrega a Belcam una carta lacrada sin abrir. Órdenes de Lord Zarcus. Éstas contradicen las de su hija Zahara, diciendo que el pequeño señor Tyrell debe morir en el trayecto de forma misteriosa. Belcam percibe algo extraño en el maestre, pero se pone en marcha sin decir nada más. Poco después de haber emprendido la marcha, comprueban que no han tomado posesiones de víveres ni agua y muy apesadumbrados vuelven para abastecerse.

Ya preparados al fin, el comandante Valerius emprende de nuevo el viaje con un contendiente de unos 20 hombres, y la disyuntiva de sus dos misiones contradictorias. Sus dos leales montaraces van delante con órdenes de ir inspeccionando el terreno inmediatamente anterior a su paso para evitar emboscadas y sorpresas. Hacen noche sin muchas sorpresas más que la de Asmodian enfrentándose (o saliendo por patas) a una especie de chacal.

Por otro lado, en Piedrapálida, la heredera, Zahara, se ha enterado de la carta que ha recibido Belcam Valerius y las oscuras órdenes que dictaba. Decide entonces emprender la marcha junto con su noble amigo Tribel para vigilar al comandante, no sin antes visitar a Zarcus, su padre.

Éste está cómicamente demente e ido. Del mismo no se obtienen más que incoherencias. Pero Zahara ha percibido algo extraño también en el maestre. De igual modo, ella y Tribel emprenden la marcha con unos 10 hombres y sin montaraces. En el camino son sorprendidos por bandidos de los que tras un reñido trato, culminado por Tribel, los acompañarán y protegerán por dinero. Lo que tiene tratar con bandidos.

Durante el día, en el grupo de Valerius, no hay muchos problemas.

Al llegar la noche, se encuentran al inicio del Paso del Príncipe. A la hora de cenar un carnero que Tangerine había cazado, el comandante nota un raro olor en la carne que nadie más percibe. La da de comer a su sargento que cae muerto por envenenamiento. Con el fin de no levantar revuelo entre sus hombres y para que la noticia no se extienda y llegue al asesino, Valerius ordena a sus montaraces enterrar al sargento en secreto. Antes le roban el dinero por sugerencia de Tangerine (muy bueno xD).

El comandante les ordena a sus montaraces que traigan unas palas de las que usan los soldados que cercan el perímetro del campamento. Con el sargento escondido en una tienda de campaña, Tangerine y Asmodian vuelven con las palas. En una paranoia, Belcam ordena a Asmodian que apuñale el cadáver para que parezca un asesinato a sangre fría. En ese instante, un soldado ebrio los sorprende y mientras se arrodilla ante el cuerpo del sargento, Belcam lo empuja a fin de ensuciarlo con la sangre del cadáver e inculparlo. Pero no hay nadie a quien mostrar la culpabilidad del soldado, por lo que Valerius le ordena malhumorado que se vaya a dormir. En ese instante, Asmodian (o Tangerine), divisan a alguien merodeando entre las tiendas del campamento. Lo persiguen, pero no dan con nadie. Alejados del cuerpo del sargento apuñalado, el pastel ha sido descubierto por soldados más avispados, junto con las palas que habían cogido los montaraces con orden del comandante Valerius (aquí es cuando un servidor se cagó en todo lo cagable: la palas!). Belcam acude de inmediato seguido de sus montaraces. Y le dan la noticia. Sus hombres se tragan su expresión de sorpresa, no así su excusa de qué hacían allí las palas. Pero tras una breve explicación (quería las palas para asegurar mi tienda, hemos visto una sombra y las hemos dejado ahí… bla, bla, bla) todo se aclara y deciden dar una sepultura digna de un oficial al sargento.

Por la mañana se ponen en camino, ahora sí, atravesando el Paso del Príncipe. El comandante nombra nuevo sargento.

Con Tangerine y Asmodian en la vanguardia, Belcam comprueba que le faltan hombres. Al instante los ve llegar con unos bandidos apresados. Tras haber uno que le saca de sus casillas, decide matarlos a todos menos a uno que se ofrece a guiarlos. Qué mejor que un bandido para conocer aquel paso.

Al poco ven venir por el principio del paso un contendiente de unos treinta y pocos hombres. Belcam realiza la formación defensiva con arqueros y picas. Un par de hombres se acercan con bandera blanca: dicen que Zahara Caede comanda el grupo. Belcam exige que sea ella la que se presente para creérselo, ya que son bandidos los que se han aproximado y a los que casi dispara.

La princesa, junto con Tribel (un muchacho que no confía en la palabra del comandante y del que duda hasta el extremo) se acercan al fin. Valerius ordena bajar arcos y picas y se arrodilla ante la princesa. “¿Qué hacéis aquí princesa, tan lejos de Piedrapálida?” la princesa, galante le da una respuesta trivial. El guerrero ungido insiste, pero haciendo uso de su altanería Tribel se inmiscuye. Belcam, con respeto, no piensa tolerar que un niñato noble de otra casa vasalla le coaccione. Pero lo cierto es que cuenta con el beneplácito de la señora Zahara. Ésta insiste con una respuesta trivial. Esta vez el guerrero ungido se conforma, pero sospecha que no está siendo sincera. Por otro lado las intenciones de Lady Zahara son claras; evitar a toda costa que se cumplan las órdenes que supuestamente dictó su padre para asesinar a su prometido… de este modo ambos grupos se unen bajo el mando de Zahara Caede y con Belcam y Tribel como consejeros.

La historia se hace más enrevesada aún. Unas órdenes contradictorias. Un maestre con dudosas intenciones. Un asesino entre los soldados y un camino peligroso. Una intriga digna de figurar en las páginas de la historia de los Siete Reinos.

Continuará…

viernes, 17 de septiembre de 2010

Esta historia es casi tan antigua como la humanidad. Desde que el hombre levantó la vista al cielo, anheló poseer todo cuanto le rodeaba, sin importar el precio que por ello tuviera que pagar. Y cuando descubrió que podía gobernar los mares se lanzó a la aventura. Los océanos se poblaron pues de valientes e intrépidos navegantes que no temían arriesgar sus vidas por una patria o una bandera.
Pero… esta historia no habla de gente noble ni honrada, habla de canallas que amaban el peligro, odiaban el trabajo y ambicionaban por encima de todo las riquezas que poseían los demás.

Enrólate en la peor tripulación jamás imaginada: Piratas, escoria, ron, aventura, magia, traición, ambición, envidia, mentira, lujuria, tesoros… La bandera negra está izada! Quedáis convocados.

¿La recompensa? Gloria, muerte o un puñado de monedas.



Los tambores sonaban en la plaza principal de los suburbios de la ciudad portuaria de Narving. El sol, que alumbraba sin piedad las cocorotas de la gente que se agolpaba de cara al patíbulo, estaba en lo más alto del cielo. Escasos eran los guardias que mantenían el orden en la plaza, unos ocho o diez. La multitud abucheaba y esperaba impaciente la llegada de los reos a los cuales esperaba la horca.
En el patíbulo, el verdugo ajustaba los lazos corredizos y probaba una y otra vez las trampillas.
El murmullo de la gente se hacía cada vez más intenso hasta que se convirtió en una amalgama de insultos, gritos e improperios contra tres figuras que aparecían por el extremo norte de la plaza custodiadas por cuatro guardias más.
Conforme los desdichados se iban acercando a su destino la multitud se calmaba a excepción de algún espontáneo. Mientras el verdugo se frotaba las manos profiriendo una sonrisa bajo su capucha, los prisioneros subían los últimos escalones que les separan de la horca. Su final era inminente: una caída breve y una parada en seco.

-Con el fin de mantener el orden y la jurisdicción en estas tierras –comenzó un guardia leyendo un pergamino en voz alta. –y por orden del Tribunal Superior de Justicia, quedan condenados a colgar del cuello hasta morir y con los siguientes cargos…

En ese momento el verdugo se acercó a Bellatrix (una de las condenadas), le ajustó la soga y comprobó que sus grilletes estaban bien ajustados (suena un clic casi imperceptible), lo mismo hizo con Baltus y Evelyn, los presos restantes.
Pronto comprobaron que sus manos a la espalda estaban libres de grilletes pero no las movieron.
-Bellatrix Blythe acusada de robo, tortura y asesinato, de injurias contra cargos del gobierno y de colaboración con la piratería. Culpable.

El verdugo se acercó a Bellatrix de nuevo y le dejó un pequeño bulto alargado y le susurra: “A mi señal dispara y haz todo lo posible para escapar con el otro hombre. Hay una tapa de alcantarilla accesible”
Se acercó a Baltus y le depositó un objeto esférico en la mano y también le susurró algo casi sin mover los labios bajo la capucha.
-Baltus Crow, acusado de atraco, saqueo de barcos mercantes y de intento de robo de un navío de la armada. Culpable.

La gente comienzó a impacientarse y a gritar. Evelyn notó un objeto alargado también: “A ver qué eres capaz de hacer con esto, vendrás conmigo a mi señal.”
-Evelyn Dark, acusada de...

El pasillo norte de la plaza se empiezó a alborotar y se oyeron gritos: “¡DETENEDLOS!”
Se escuchó el sonido metálico de una espada desenvainada y los reos sientieron que la soga ya no ejercía presión en su cuello. Sus manos estaban libres. Bellatrix tenía una pistola, Evelyn una daga y Baltus una granada de mano.
-¡Vale!-soltó el verdugo –“sólo” queda poner en práctica la más noble de las tradiciones piratas: ¡huir!

Así comenzaba hace algún tiempo una partida rolera sobre los seres más infames que poblaban los mares del Caribe. Pirates is coming soon!