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viernes, 21 de febrero de 2014

Preocupaciones...

Una psicóloga en una de sus sesiones grupales levantó un vaso de agua para que todos lo vieran. Todo el mundo esperaba ya que de sus labios saliera la típica pregunta de "¿Medio lleno o medio vacío?". 
Pero en cambio, ella preguntó: "¿Cuánto pesa este vaso?"
Las respuestas de los presentes variaron entre 200 y 250 gramos.

Sin embargo, la psicóloga respondió: "El peso absoluto del vaso no es lo importante, en realidad depende del cuánto tiempo lo sostenga. Si lo sostengo un minuto, no habrá ningún problema. Si lo sostengo una hora, el brazo comenzará a dolerte. Si lo sostengo un día, se entumecerá y se paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sostengo, más pesado de vuelve". 
Y continuó diciendo: "Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasará nada. Si piensas un poco más, empezarán a doler. Pero si piensas en ellas todo el día, acabarás sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada..."

El grupo asintió inconscientemente con la cabeza y ella añadió: "Así que, acordaos de soltar el vaso".

Slayers-Give a Reason

viernes, 17 de mayo de 2013

Vivir sin...


Los cambios, los tránsitos, las etapas que dejas atrás, las que están por venir, la vida en continuo movimiento, unas veces más brusca, otras más paulatina… todo, cuando pasa, te impera de sobremanera, además con crueldad, a tener que acostumbrarte a unas cosas y aprender a vivir sin otras.

Las efigies circulan por mi recuerdo de manera alborotada, pero con un poco de habilidad podría evocarlas, e incluso experimentar la misma sensación que cuando se produjeron en realidad. Esos momentos a los que me tengo que acostumbrar a evocar y a no vivir.

He de aprender a vivir sin vivirte,
He de aprender a vivir sin que me muerdas el labio
He de aprender a vivir sin sangrar por ti
He de aprender a vivir sin que me llames payaso
He de aprender a vivir sin verte tumbada a mi lado
He de aprender a vivir sin que me abraces por las noches
He de aprender a vivir sin que seas una tiquismiquis para las comidas
He de aprender a vivir sin tus toques por debajo de la mesa
He de aprender a vivir sin conducir una hora hasta tu casa
He de aprender a vivir sin que me mientas
He de aprender a vivir sin el número siete
He de aprender a vivir sin que me cosas la espalda a arañazos
He de aprender a vivir sin que me llames tonto de esa forma tan especial
He de aprender a vivir sin tus juegos, tus choques, tus tormentas, tus festines o tus danzas.
He de aprender a vivir sin tu perro
He de aprender a vivir sin tener dos familias
He de aprender a vivir sin que apagues el motor del coche
He de aprender a vivir sin tu risa ridícula
He de aprender a vivir sin tu mancha en el pecho
He de aprender a vivir sin crujir tu cama
He de aprender a vivir sin hablar de nosotros
He de aprender a vivir sin que llames bicho o rata a mi perro
He de aprender a vivir sin pisar tu aulario o tu facultad
He de aprender a vivir sin tus gemidos
He de aprender a vivir sin que me quites la ropa
He de aprender a vivir sin entrar a Abadía por ti
He de aprender a vivir sin hablar de Castiel o Rhaegar
He de aprender a vivir sin tu insomnio
He de aprender a vivir sin que contemos puntitos
He de aprender a vivir sin tus gruñidos antes de dormir
He de aprender a vivir sin tu olor
He de aprender a vivir sin que me roben la cartera
He de aprender a vivir sin lo sobrenatural (en todos los sentidos)
He de aprender a vivir sin una vida junto a ti
He de aprender a vivir sin tu adicción al tomate
He de aprender a vivir sin entrar a la fnac con los bolsillos vacíos y la cabeza llena de planes
He de aprender a vivir sin escuchar música mierda y partirnos de risa
He de aprender a vivir sin llorar por ti
He de aprender a vivir sin las hamburguesas de un euro
He de aprender a vivir sin tus idas de olla violentas, y tus “te mato”
He de aprender a vivir sin miedo a fallarte
He de aprender a vivir sin Closer
He de aprender a vivir sin jurar el cargo a tu lado
He de aprender a vivir sin hacer la maleta los domingos
He de aprender a vivir sin tu altura
He de aprender a vivir sin que te burles de mí
He de aprender a vivir sin tus manos
He de aprender a vivir sin tus ojos negros
He de aprender a vivir sin tu sonrisa
He de aprender a vivir sin ti...

domingo, 7 de abril de 2013

Bata amarilla


Era la enésima vez que experimentaba esa sensación en el mismo día.
Salió de la habitación, donde todo empezó, con los ojos anegados de lágrimas, sin saber si aquella sería la última vez que volvería a pisarla.
Se dirigió hacia la puerta, y allí se dio la vuelta. La miró como quien ve marcharse a una persona a la que puede que no vuelva a mirar de la misma manera. La despedida… una amalgama de sensaciones, sentimientos y de acciones contradictorias. Debía irse, pero sus pies no respondían, debía decir adiós, pero sus labios contenían un “me quedo para siempre”, y debía meter sus manos en los bolsillos y marcharse cabizbajo, pero sus brazos pugnaban por abrazarla y mirar aquellos ojos, que otrora lo miraran con deleite y ahora suplicaban clemencia.
La puerta se cerró con una sonrisa forzada, y él tomó las escaleras. En el último momento decidió, escalones más abajo, volver y coger el ascensor, y allí pensar durante un instante eterno las veces que lo había tomado a las tantas de la madrugada para volver a casa con la sensación de que volvería; siempre volvía.
El camino hacia el coche fue eterno, pero llegó sin apenas darse cuenta. Montó de manera automática, sin pensar en lo que hacía. Sonó el motor, y después esa canción, la primera, la que gracias a ella casi había aprendido. Aunque de verás, lo que más ansiaba era destrozarse el puño contra el reproductor de música.
Respiró hondo y sin más enfiló aquella redonda, aquella cuesta, giró a la derecha y pasó el puesto de churros.
“¿Habrá algún puesto de churros de camino a tu casa?” recordó casi abatido.
Ese stop que nunca respetaba esta vez lo hizo, porque no pensaba, porque no estaba. Cuando recobró la voluntariedad ya tomaba la autovía. En ese eterno espacio de tiempo aún estaba en aquella habitación mientras ella cogía su bata amarilla, esa con la que alguna vez había cubierto su desnudez. No recordaba haber salido del campus, no recordaba rotondas, semáforos ni otros coches. Antes le había pasado, pero la sensación y los recuerdos eran diferentes.
Metió quinta y aceleró. No quería llegar a ningún sitio, pero no podía evitarlo. Cuando se rascó la nariz, el aroma de aquella bata –y de la persona que la había llevado puesta– inundó sus sentidos, y todos, los cinco, se aunaron en una sola persona. Pisó a fondo, los coches se apartaban. Con los ojos emborronados y las manos apretadas, se sumergió en la oscuridad de la carretera, y nunca más se supo de él.
*** 

Dejó las maletas al entrar, y como si no hubiera estado dos semanas fuera, se dirigió a su habitación. Un calendario, una jarra, unos libros, un Jack de papel y una foto…
“No, ahora no, imbécil. No abras tu cartera…”
Tarde, porque vuelvo a mentirte diciendo que nunca sería tu trovador…
Se echó pesadamente en la cama, miró al techo y después a su lado:
“Y yo vuelvo a mentirte diciendo que no me muero por dormir contigo cada una de las noches que me quedan, viendo como antes de meterte en la cama te quitas esa horrible bata amarilla”.

In Flames-Come Clarity

jueves, 12 de abril de 2012

Disfraza tu cicatriz

Al enjuagar tus entrañas,
Las punzadas son abiertas
Por ruidosas raíces,
La noche ya está despierta.

Pero las nubes riegan,
Las zanjas son empozadas,
Los potros no tropiezan,
Te rasgas con la maleza.

Tropieza el río y
Disfraza tu cicatriz,
Anudado el viento al fin.
...un charco de culpa,
cuello que se ahogó...

En la tormenta lloras,
En la tormenta tú lloras.

Al aguardar obediente,
Las brasas serán palpadas,
Saliendo de tus poros
La razón es revocada.

Pero la noche suda,
Las ascuas serán tus logros,
Las cenizas abortan,
Todavía has muerto poco.

Tropieza el río y
Disfraza tu cicatriz,
Anudado el viento al fin.
...un charco de culpa,
cuello que se ahogó...

En la tormenta lloras,
En la tormenta tú lloras.

Hasta que salga el sol,
Hasta que apriete el sol,
Hasta que ahogue el sol.




viernes, 6 de abril de 2012

Welcome to Hell

Para muchos la palabra paraíso los traslada a un lugar idílico lleno de playas con arena blanca como el nácar, aguas tan azuladas que compiten hasta con el mismísimo cielo, palmeras tan altas como inalcanzables son algunos sueños y sonidos susurrantes y apacibles que trasmiten el eco de los propios dioses.
Entonces me pregunto: ¿qué sería el infierno, lo opuesto, la némesis? ¿Fuego, calor, dolor, sufrimiento…?
Dejadme que os diga que el sufrimiento, el dolor, la paz, la tranquilidad, los sentimientos (amor u odio), el bienestar y demás cosas, residen nada más y nada menos que donde la gente quiere y cree que reside. Es tan subjetivo como puede serlo el color de las paredes de mi habitación; unas veces gris, otras beige y otras blanco.
Para alguien el dolor puede ser placentero, los sentimientos dolorosos, la paz puede ser vana, e incluso el bienestar puede estar en sufrir o en alcanzar cosas que otros verían como desadaptativas. Pero ¿quién dice lo que necesitamos? ¿quién nos empuja a hacer lo que hacemos? ¿quién nos da latigazos para que avancemos o nos amarra para quedarnos estancados?
No nos engañemos, somos nosotros. Podemos ser nuestros mejores aliados o nuestros peores enemigos. Los que nos damos fuerzas para conseguir lo que necesitamos o los que nos cortamos las alas para no alcanzar lo que queremos. Pero es cierto, y he aquí la pugna, que muchas veces lo que queremos o lo que buscamos no es realmente lo que necesitamos. Pero cuando esas cosas coinciden es cuando alcanzamos el puto paraíso aunque creamos que es el propio Belcebú el que nos ha abierto las puertas del infierno.
Lo peor es que no haya nadie para decírnoslo, para ayudarnos a elegir, para empujarnos al maldito abismo y aterrizar donde sea, en otro sitio diferente, pero donde sea  que podamos comenzar de nuevo, moldear tu vida de nuevo como si fuera una talla de barro y hacerla con esas manos que un día dejaron que te hundieras para renacer de nuevo.
He estado en lo que muchos llaman el paraíso, he visto y hecho cosas que quizás nunca vuelva a ver ni a hacer, y francamente, por muy raro e incompresible que la gente lo vea, no lo echo de menos.
El paraíso para mí reside en otro sitio y en otras metas, y esas aún no han sido alcanzadas, y mientras no lo sean, el infierno será mi refugio, el fuego será mi manto y el anhelo mi esperanza.




P.D: Luna llena... te odio, maldita ramera =)


Three Days Grace-Break

domingo, 19 de febrero de 2012

I'm Jack's [...]

Una valiosa escena en un descanso del rodaje de El Club de la Lucha que encontré:


Y una gran frase:
"A condom is the glass slipper for our generation. You slip one on when you meet a stranger. You "dance" all night, and then you throw it away. The condom, I mean, not the stranger."

martes, 7 de febrero de 2012

domingo, 5 de febrero de 2012

Noches de bar

Lo atrajo hacia sí agarrándolo por la corbata, provocando que el contenido de su vaso de whisky se derramara por el interior de su muslo izquierdo.
La mujer, con la mirada clavada en él y aún sentada en el taburete, lo aprisionó entre sus piernas atrayéndolo hacia su interior.
El hombre dejó el vaso de bebida ambarina sobre la barra y se acercó a su oído para decirle que le encantaría echarla sobre una mesa y follarla desenfrenadamente a ojos de todos y para la envidia de los allí presentes.
La mujer no lo soltó de la presa que hacía con sus piernas y lo miró desafiante. A continuación, deslizó su mano por debajo de la camisa del hombre hacia el hombro y allí clavó sus uñas, arrastró y pudo ver como se deshacía en esa sensación de lujurioso y candente dolor. Si no había provocado que aflorara sangre era porque no había apretado lo suficiente o porque ésta se había dirigido hacia otro sitio.
Él apartó su cabello, lo único que lo separaba de aquella franja de piel tan apetecible y que tantas debilidades desataba. Allí donde el alma animal de cada uno era más superficial y sensible y donde la voluntad se evaporaba junto al calor que del cuerpo manaba. Mordió su cuello, ese lugar donde un instintivo escalofrío provocaba que el más manso de los gatos se transformara en la más salvaje de las panteras con una sed de sangre voraz.
Él estaba duro y respiraba como un león hambriento, y ella no pudo más que mojar su entrepierna y morderse el labio con fuerza.
Con el alma prendida por el fuego del infierno, se separaron lentamente y los dos volvieron a su fría realidad.

Y allí, a unos metros de distancia y a días de diferencia, en el mismo bar, ambos miraron en solitario ese taburete vacío imaginando de forma melancólica y deleitable todo lo que allí podría haber sucedido.



Foo Fighters-All my life

miércoles, 1 de febrero de 2012

Noches de invierno (I'm here again)

Aquí estoy otra vez, pensó en el momento en el que su espalda enfundada en cuero se apoyó sobre la fría pared de piedra.
Aquel era su rincón, al que tantas veces había recurrido para evadirse del mundo, aunque en ese lugar no pudiera sentirse más rodeado.
La iluminación instalada recientemente lo hacían menos atractivo a su juicio; podía pasar menos desapercibido y las sombras danzantes que se dibujaban en la pared de enfrente lo inquietaban.
Alzó la vista.
Ocho imponentes edificios circundaban aquella plaza. Sus incontables ventanas, algunas de las cuales permanecían encendidas y otras iban pereciendo conforme avanzaba la noche, escondían mil historias tras sus cristales. Las luces que se encendían y apagaban daban a Alastair la sensación de que eran los guiños que el edificio enviaba a los viandantes lo suficientemente observadores como para apreciarlos.
Vaya gilipollez, se dijo tras pensarlo un instante y cambiar de canción.

Aún recordaba el motivo por el que había acudido a aquel lugar por primera vez aquella noche de julio que se le antojaba tan sumamente cercana. Y no sabía si eran aquellos recuerdos encerrados entre aquellas piedras, aquellos árboles y aquellos columpios o la realidad de su más profundo ser, la que en ese momento hizo que emergiera de nuevo esa desazón en su interior.
Recordó entonces aquella carita en forma de corazón, de nariz pequeña y ojos oscuros. Hacía un par de meses que no sabía nada de ella. Pero lo cierto y triste era que Chloe era así de inconstante. No podías dar por hecho que su fidelidad y perseverancia fueran tuyas. Era libre, independiente e inmortal. Pero tenía el innegable don de aparecer cuando se la necesitaba. Alastair aún se preguntaba cómo lo hacía para aparecer sin ser llamada al lugar y en el momento en el que él pedía a gritos a alguien.
Fue entonces cuando imaginó qué le diría si lo viera allí de nuevo.

Entonces volvió a sonar aquella canción: “If I had to, i would put myself right beside you” y la pasó. Al levantar la cabeza, una figura menuda de pelo oscuro se dirigía hacia él. Su corazón comenzó a latir más apresuradamente, pero no era ella, y dobló la esquina sin mirar a Alastair, como si de parte del mobiliario urbano se tratara.
Había salido de casa con la vaga sensación de que esa noche no aparecería, pero ahora una voz en su interior lo confirmaba.
Con las manos heladas y el trasero entumecido se levantó y miró el reloj: llevaba más de hora y media allí sentado con la mirada más perdida que su mente; y eso era decir mucho.
Miró al cielo y vislumbró a duras penas aquellas estrellas cuya luz no era eclipsada por la notable contaminación lumínica de la ciudad, al mismo tiempo que sonaba: “…when darkness comes I'll light the night with stars, hear the whispers in the dark”.
La pasó de nuevo para que sonara: “I fell asleep last Saturday, underneath polluted skies I walked alone in those Jersey nights, and I saw the boardwalk start to fall…” 

Vete a la mierda, pensó mientras desconectaba el reproductor y deshacía sus pasos de vuelta a casa.
La ciudad estaba desierta; los barrenderos hacían su ronda de limpieza, los semáforos regulaban avenidas fantasma, las bocanadas de aire frío campaban a su anchas y ni siquiera los patos del río tenían ánimos para un chapuzón.
Nadie deambulaba por las calles.
Nadie excepto una figura menuda de piel clara, rostro en forma de corazón, ojos y pelo oscuros y un lunar bajo el labio. Tomó el sitio que Alastair había estado ocupando toda la noche en el instante en el que una lágrima descendió por su mejilla.
Algo no quiso que esa noche se encontraran. Y por suerte (o por desgracia) así fue, porque quizás todo en el futuro hubiera sucedido de forma distinta.

Nos creamos mil historias en la mente haciendo uso de lo que muchos llaman pensamiento contrafáctico. Inventamos y barajamos las posibilidades de algo que podría haber sucedido si… No sucederá y no merece la pena prestarle más atención o nos olvidaremos de lo que es mirar de frente. Porque, al fin y al cabo, vivimos, a la vez que experimentamos, en el ensayo de una obra que jamás se estrenará por triste que así suene.

miércoles, 25 de enero de 2012

Escape...

Déjame, que reviente el mundo en dos patadas, y arañar lo que quede en pie de sus entrañas...


P.D: El dibujo en sí es una mierda, pero en cambio es un buen reflejo.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Nightmare "for" Christmas

Casi sin quererlo y alejándose del tópico que nos inunda estos días, esta película se ha convertido en un clásico a degustar en estas fiestas. Pero en cierto modo y yendo más allá, no nos alejamos tanto de la fiesta navideña siendo testigos de esta hermosa fábula. Porque aquello que algunos estamos cansados de ver al salir a la calle o al quedarnos en casa (luces parpadeantes, guirnaldas, bolas, abetos decorados, estrellas…), es lo que realmente anhela el protagonista del cuento, y con lo que queda maravillado al cruzar el árbol que lo lleva a la ciudad de la navidad.

Siendo sinceros no anhelo lo mismo que Jack, esta época no es de mi especial agrado la verdad, y es que, aunque me sienta identificado con él, no es de la misma forma. Todos ansiamos tener lo contrario de lo que tenemos. La monotonía nos invade a cada instante, tenemos el culo de mal asiento, por lo que intentamos buscar algo que nos saque de la rutina, de lo típico. Es navidad… joder, voy a ver cine de terror o de acción.
Pero la cuestión es que no somos tan dueños de nosotros mismos como creemos, y siempre se nos cuela la representatividad del instante por debajo de la puerta para recordarnos que, aunque no nos apetezca o no queramos, haremos algo acorde con el ambiente (un ejemplo es que apetezca ver Eduardo Manostijeras en estos días).

Bueno, no me enrollo más con pamplinas. Solo os insto, como hago a siempre, a que disfrutéis con lo que disfrutáis (maravillosa redundancia, ¡dibs!) y aprovechéis cada instante que os saque de la rutina.

Palillo pudo notar que su árbol de Navidad 
parecía un churumbel bastante más sano que él. 

La Melancólica muerte del chico ostra - Tim Burton


miércoles, 21 de diciembre de 2011

Inmortal

-¿Estás seguro? –preguntó la chica. Era una pregunta cuya respuesta, aunque no fuera sincera, sabía.

-Sí –contestó su amigo sin dar pie a una conversación.

“Obvio”, pensó la chica, aunque sabía que no era cierto, pero no quería ser cansina. Él no estaba de humor para preguntas que no llevaban a ningún sitio ni para cuestiones de última hora. Sabía que lo había meditado una y otra vez. Había incluso hecho una tabla de pros y contras en su cuaderno de notas.
-Nick –dijo la chica algo cohibida –sé que te lo he preguntado hasta la saciedad, pero ¿por qué?

El chico aludido suspiró:
-Es cierto, no estoy seguro, pero tengo que hacerlo.

-¿Quién te dice eso? –preguntó la chica violando su norma de no agobiar con preguntas, pero ésta la creía necesaria.

-Yo. Por mí… sabes que si no lo hago moriré… caeré en ese mundo de cuerpos perdidos que creen que tienen alma… -se le atragantaron las palabras. Todas querían salir, pero ninguna se atrevía por miedo a no ser aceptada.

-Nick, nunca he juzgado lo que haces, nunca he juzgado lo que hiciste y sentiste, pero quizás esta no sea la forma. Sí el fin, pero no la forma –se acercó a él -y ambos sabemos que no lees a Maquiavelo –le sonrió fugazmente por si el chico quería compartir aquella sonrisa, pero no lo hizo. Se limitó a mirar a la nada mientras el cielo, antes salpicado de trazos violetas, anunciaba el ocaso con un tinte anaranjado fruto del astro que decía adiós al día para desatar su fulgor sobre la otra parte del mundo. -¿Nick? –preguntó ella viendo que no obtenía respuesta.

-¿Qué? ¿qué quieres que diga, que me equivoqué? ¿Qué la cagué? –se volvió con enfado –Pues sí, eso hice, pero no por haberlo dejado, sino por haberlo empezado. Por haber sido un iluso confiado… Ahora me dirás que no hay que arrepentirse de lo que se hace sino de lo que no se hace. Una mierda. –bramó sin darse cuenta que su amiga se había encogido hasta el tamaño de un zapato y cohibida permanecía a su lado con la barbilla temblando.

-No sé por qué me has pedido que viniera –una lágrima surcó su rostro sin que le diera tiempo a poder reprimirla y al absorberla su voz se truncó.

Nick se volvió hacia ella. Era un idiota, un insensible, un desagradecido:
-Joder, yo… lo siento… -se acercó a ella para abrazarla, pero ella le rehuyó.

-No, Nick, he aguantado tus quejas, tus humos, tus idas y venidas y hasta detalles los cuales no quería saber. Te he aconsejado sin dejar que me influyera demasiado, pero no puedo más –¿era despecho, frustración o realmente lo sentía?

Nick no supo que decir. Disculparse de nuevo iba a sonar tan vacío como antes, además solo un loco repite lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes. Se acercó e intentó abrazarla de nuevo, pero ella se negó. Él le cogió los brazos, los apartó y pudo por fin rodear su cuerpo sin violencia pero sí con prontitud. La chica intentó zafarse, aporrear y empujar a Nick, pero él no la soltó. A los pocos instantes ella se rindió y apretó los ojos para reprimirse. Él la beso en la mejilla, salada, donde sus lágrimas habían dibujado finos hilos cristalinos. En ese instante se acercó a su oído y pronunció la disculpa más sincera que jamás había dicho. Como si de un sedante se tratara, la muchacha se calmó y lo miró a los ojos cuando se separaron. Estaban emborronados, lo que hacía que su marrón pareciera más claro aún.
Chloe no supo cómo decírselo, así que escogió solo tres palabras que estuvo segura que entendería:
-No soy inmortal –y se dio la vuelta dispuesta a marcharse con su pelo al viento despidiendo la esencia que Nick tan bien conocía. Inundó sus sentidos y lo trasladó a otra época. No olía a perfume, ni a champú, olía a ella, a su ropa, a su habitación, a sus libros.

El chico no dijo nada. Miró de nuevo al horizonte, esparció las cenizas de lo que en su día fue alguien, o los recuerdos de alguien y corrió en busca de su amiga guiado por su aroma.
Acababa de recuperar de nuevo la inmortalidad, ahora le tocaba a él ayudarla a recuperar la suya.

Y mientras el sol moría en un último destello, la oscuridad pedía permiso para besar sus almas.


Bullet for my Valentine-Tears don't fall (acoustic)

domingo, 11 de diciembre de 2011

Cerrar puertas

CERRANDO PUERTAS Paulo Coelho

Hay que saber cuándo una etapa llega a su fin. Cuando insistimos en alargarla más de lo necesario, perdemos la alegría y el sentido de las otras etapas que tenemos que vivir.
Poner fin a un ciclo, cerrar puertas, concluir capítulos… no importa el nombre que le demos, lo importante es dejar en el pasado los momentos de la vida que ya terminaron. ¿Me han despedido del trabajo? ¿Ha terminado una relación? ¿Me he ido de casa de mis padres? ¿Me he ido a vivir a otro país? Esa amistad que tanto tiempo cultivé, ¿ha desaparecido sin más? Puedes pasar mucho tiempo preguntándote por qué ha sucedido algo así. Puedes decirte a ti mismo que no darás un paso más hasta entender por qué motivo esas cosas que eran tan importantes en tu vida se convirtieron de repente en polvo.
Pero una actitud así supondrá un desgaste inmenso para todos: tu país, tu cónyuge, tus amigos, tus hijos, tu hermano; todos ellos estarán cerrando ciclos, pasando página, mirando hacia delante, y todos sufrirán al verte paralizado.
RECUERDOS. Nadie puede estar al mismo tiempo en el presente y en el pasado, ni siquiera al intentar entender lo sucedido. El pasado no volverá: no podemos ser eternamente niños, adolescentes tardíos, hijos con sentimientos de culpa o de rencor hacia sus padres, amantes que reviven día y noche su relación con una persona que se fue para no volver. No podemos ser empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Todo pasa, y lo mejor que podemos hacer es no volver a ello. 
[…]
Todo en este mundo visible es una manifestación del mundo invisible, de lo que sucede en nuestro corazón. Deshacerse de ciertos recuerdos significa también dejar libre un espacio para que otras cosas ocupen su lugar. Dejar para siempre. Soltar. Desprenderse. Nadie en esta vida juega con cartas marcadas. Por ello, unas veces ganamos y otras, perdemos. No esperes que te devuelvan lo que has dado, no esperes que reconozcan tu esfuerzo, que descubran tu genio, que entiendan tu amor.
Deja de encender tu televisión emocional y ver siempre el mismo programa, en el que se muestra cómo has sufrido con determinada pérdida: eso no hace sino envenenarte. Nada hay más peligroso que las rupturas amorosas que no aceptamos, las promesas de empleo que no tienen fecha de inicio, las decisiones siempre pospuestas en espera del "momento ideal".
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando puertas abiertas "por si acaso", nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
DEJARLO IR. Antes de comenzar un nuevo capítulo hay que terminar el anterior: repítete a ti mismo que lo pasado no volverá jamás. Recuerda que hubo una época en que podías vivir sin aquello, sin aquella persona, que no hay nada insustituible, que un hábito no es una necesidad.
Puede parecer obvio, puede que sea difícil, pero es muy importante. Cerrar ciclos. No por orgullo, ni por incapacidad, ni por soberbia, sino porque, sencillamente, aquello ya no encaja en tu vida. Cierra la puerta, cambia el disco, limpia la casa, sacude el polvo.
Deja de ser quien eras, y transfórmate en el que eres…Esa es la vida…


Papa Roach-Scars